A
una vacía silla de oxidados clavos, me llevan las trémulas
escaleras de la desesperación. Intento subir pasando desapercibida,
mientras las pesadas botas de pesadumbre, hacen cantar los peldaños
a cada paso. Flota el polvo de nuestro amor marchito en esta oscura
estancia, haciéndome dolorosas cosquillas en el desnudo cuerpo
antaño de tus besos vestido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario